03 Feb Empezar a hacer deporte desde cero: cómo hacerlo sin frustración
Dar el primer paso para empezar a hacer deporte no siempre es fácil. Muchas personas quieren moverse más, cuidarse o mejorar su bienestar, pero no saben por dónde empezar. A menudo aparecen dudas, inseguridades o miedos que acaban retrasando la decisión.
Empezar a hacer deporte desde cero no debería vivirse como un reto imposible, sino como un proceso progresivo y adaptado a cada persona.
El miedo a no estar en forma
Uno de los principales bloqueos al iniciar una rutina deportiva es la sensación de “no estar preparado”. Compararse con otras personas o pensar que se necesita un nivel mínimo previo genera inseguridad.
La realidad es que el deporte está precisamente para eso: para mejorar poco a poco. No es necesario partir de una buena forma física, solo de la voluntad de empezar.
Empezar despacio es empezar bien
Uno de los errores más habituales al comenzar a hacer deporte es intentar hacerlo todo de golpe. Entrenar muchos días, durante mucho tiempo o con demasiada intensidad suele acabar en agotamiento o abandono.
Empezar con sesiones cortas y adaptadas permite:
- Evitar sobrecargas
- Generar sensaciones positivas
- Ganar confianza
- Crear una base sólida
La progresión gradual es clave para mantenerse.
Elegir actividades accesibles
Cuando se empieza desde cero, es importante elegir actividades que resulten accesibles y agradables. No todos los deportes encajan con todas las personas, y eso es completamente normal.
Buscar actividades que permitan adaptarse al ritmo personal facilita que el deporte se integre en la rutina sin generar rechazo.
La constancia importa más que la intensidad
Al empezar a hacer deporte, la regularidad es mucho más importante que la intensidad. Entrenar poco, pero repetirlo cada semana, genera mejores resultados que sesiones puntuales muy exigentes.
Crear un hábito estable es el verdadero objetivo inicial. Los resultados físicos llegarán como consecuencia.
Escuchar el cuerpo desde el principio
Cuando una persona empieza a moverse después de un periodo largo de inactividad, el cuerpo envía señales claras. Rigidez, cansancio o pequeñas molestias son normales, pero no deben ignorarse.
Escuchar el cuerpo, respetar el descanso y adaptar la intensidad evita frustraciones y reduce el riesgo de lesiones.
Evitar comparaciones innecesarias
Cada persona tiene su propio punto de partida. Compararse con quienes llevan más tiempo entrenando solo genera presión y desmotivación.
El progreso debe medirse respecto a uno mismo, no respecto a los demás. Celebrar pequeños avances ayuda a mantener la motivación.
Crear una rutina realista
Empezar a hacer deporte no implica reorganizar toda la vida. Es más efectivo integrar el ejercicio en la rutina existente que intentar crear una nueva desde cero.
Elegir horarios realistas y pocos días a la semana facilita que el hábito se mantenga incluso en semanas complicadas.

El entorno como apoyo al inicio deportivo
Un entorno cómodo, respetuoso y sin exigencias extremas marca una gran diferencia cuando se empieza. Sentirse a gusto entrenando ayuda a perder el miedo y a disfrutar del proceso.
Cuando el entorno acompaña, el deporte deja de generar ansiedad y se vive como una experiencia positiva.
Empezar a hacer deporte como acto de autocuidado
Iniciar una rutina deportiva no debería verse como una obligación ni como un castigo. Es una forma de cuidarse, de reservar tiempo para uno mismo y de mejorar el bienestar general.
Moverse es una decisión que suma, no que resta.
Construir una base para el futuro
Empezar a hacer deporte desde cero es el primer paso para construir hábitos que pueden durar años. No importa la edad ni el momento vital. Siempre es buen momento para empezar.
Lo importante no es hacerlo perfecto, sino hacerlo posible.